martes, noviembre 18, 2003

Meditación acerca de lo humano de lo divino y de lo inhumano de lo humano

Algunas veces pienso que realmente esto no tiene ni pies ni cabeza.

El domingo me robaron el ordenador portátil deltante de mis narices y de las de todos los amigos del canal Tierra Media. Pensaba que iba a estar peor. Hay documentos que no podré recuperar nunca, cantidad de proyectos que solamente estaban ahí y en la llave de memoria USB que me robaron porque estaba dentro de la maleta.

Nunca antes me habían robado nada, ni siquiera de pequeño. Claro, 24 años en este ciudad y que no le roben nada a uno... al final la vida siempre tiende al equilibrio, y la primera vez que me roban se llevan algo que vale 1400 euros y una generosa parte de mi confianza. Lamento más lo segundo que lo primero.

Bueno, como me dice todo el mundo ultimamente (después de decir algo acerca de la putada que es, y de la cantidad de hijos de puta que hay sueltos por ahí): hay que seguir para adelante con lo que hay. En mi caso con lo que no hay.

Aunque no puedo por menos que admirar a la persona que se llevó mi maleta negra. Tiene su mérito llevarse algo rodeado por diez personas sin que nadie se dé cuenta. Si le viese le estrecharía la mano. Justo antes de cortársela (la mano claro) para que no pudiese volver a hacer nada parecido a personas que solamente somos culpables de vivir en este mundo que cada vez orbita más lejos de su sol, de tener pensamientos de plástico y metal, ilusiones de humo, y sueños construidos con espejos.

Era un bonito juguete. Siempre me lo tomé como eso, como un juguete bonito y útil, una herramienta que me servía para hacer mejor lo único que sé hacer, que es intentar hacer la vida un poco más sencilla a las personas que comparten conmigo esta parcelita de Tierra llena de cantos rodaos y agujeros traicioneros donde hemos ido a aterrizar.

Pero en fin... parece que cuando el junco de la vida se tuerce lo hace de verdad, y que para volver a ponerlo vertical hace falta sangre, sudor, lágrimas y un sinfín de puertas de atrás que conduzcan a partidas de rol, tabaco, sexo, internet... cualquiera de las cosas buenas que al abusar de ellas mutan en los inhibidores de voluntad y pensamiento que nos ofrece La Sociedad a cambio del ínfimo precio que es bombardearnos con bocas profidén, cuerpos Danone, mentes maravillosas y conjuntos de bocas, cuerpos y mentes, todos ellos absurdamente felices, a todas horas para recordarnos nuestras manchas dentales, nuestros cuerpos de modelo que Rubens o del Greco y nuestra mente incapacitada de darnos alguna respuesta que nos sirva.

Hurra hurra por el culmen de esta nuestra civilización. Hurra hurra porque el resto del camino será cuesta abajo.

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